Cultivarse para dar frutos
Imaginemos a los primeros hombres, miles de
años atrás, cuando el mundo era mucho más silencioso y el clima mucho más
extremo. Imaginémoslos allí de noche, sentados frente a un lago cubierto por
montañas, mirando el cielo inundado por estrellas con una gran luna que hacía
vivir las sombras. Imaginémoslos viendo aquel espectáculo sin saber quienes
eran, sin saber que veían, sin saber que sentían, ni que significaba sentir.
Colores, sonidos, formas, texturas, sentimientos, necesidades. Todo para ellos
era nuevo.
Aquellos hombres contemplaban el mundo como
un recién nacido ve a sus progenitores o tal vez lo vivían como un niño vive la
sensación de probar un nuevo sabor.
Allí estaban ellos, sin imaginar que cientos
de miles de años después otros hombres los estudiarían y los admirarían, puesto
que fueron los primeros en entablar una relación con el mundo, fueron los
primeros en crear códigos, símbolos y organizaciones, fueron los que comenzaron
este largo camino, llamado humanidad, que hoy en día sigue y le falta mucho
para terminar.
Aquellos hombres, sin tener ningún
conocimiento especializado, solo siguiendo sus instintos, crearon una conexión
con el mundo y con sus compañeros de tal manera que empezaron a desarrollar una
serie de reglas, creencias, costumbres, pensamientos y muchas otras cosas más
que le dieran sentido sus vidas y a ese espectáculo que los rodeaba. No sabían
que hacían, pero acababan de fundar lo que hoy se conoce como cultura.
Los años pasaron y pasaron los siglos y
pasaron los milenios. El hombre se expandió por el mundo y el clima y la
geografía fueron moldeando las mentes y creando nuevas culturas.
El Imperio romano ha sido uno de los imperios
más importantes de la historia del hombre. Fue un imperio que durante siglos
dominó gran parte del mundo y por supuesto, gran parte de las culturas. Antes
que los romanos hubo otra gran civilización que fue la griega. Los romanos se
enamoraron de ella y adoptaron muchos
aspectos, cultos, eventos y creencias de aquella civilización tan
visionaria y rica como lo fue la griega.
Los romanos difundieron la idea de un solo
idioma y una sola religión, y aunque a muchas culturas las dejaron seguir
existiendo, a muchos otros pueblos los obligaron a tomar la cultura romana.
Esta cultura dio grandes aportes al mundo en diferentes áreas como el derecho,
la arquitectura y las artes. Hoy en día mucho de lo que conocemos y sabemos se
lo debemos a los romanos.
Ya en este momento la cultura por un lado
unía a la gente, pero por otro lado la separaba. Ya la diferenciación entre
cultura elevada y cultura baja había empezado a crear divisiones que hasta hoy
en día se ven.
La cultura, a mí parecer, es fruto de
nuestras relaciones con el mundo y con los demás. Por lo tanto, la cultura
también está dominada por nuestras pasiones y sentimientos. No se puede decir que la cultura es algo
objetivo ya que ni siquiera se puede dar una definición exacta de lo que es,
aunque existen muy buenas. Es por
eso que muchos han usado este término para separar a la gente, para crear
estratos sociales y fundar una serie de sentimientos que serán difíciles de
remover.
Hoy en día las cosas han cambiado, la cultura
se ve con otros ojos y ya se acepta que cada uno vea y viva la vida a su manera
sin tener que señalarlo o marginarlo. Sin embargo, hace un par de siglos atrás,
tanto en la Edad Media como incluso en el Renacimiento, la cultura fue
utilizada de maneras muy cuestionables ya que no solo enriquecía al espíritu
del hombre sino que también lo llenaba de prejuicios que hoy en día existen.
La cultura de élite y la cultura popular
siempre se han visto como polos opuestos, cuando en realidad lo que son es dos
caras de una misma moneda. Como se ha mencionado anteriormente, la cultura nace
del hombre y de su entorno, es por eso que existen diferentes culturas. Pero,
¿quién es quién para decidir cual es un buen verso, quién es quién para evaluar
las culturas como si se tratara de un producto elaborado en un fábrica?
Como muchos sociólogos afirman, el mundo es
bello porque es plural. En la diversidad es que está la magia, como cuando
aquellos primeros hombres de la tierra se sentaban frente al fuego a ver todas
esas plantas y todas esas estrellas que los rodeaban.
Han pasado muchos años; sin embargo, aún
faltan millones de cosas por mejorar para que este sea un mejor mundo.
Debemos cultivarnos para dar frutos, para
dejarles un mundo mejor a los que vienen luego y el primer paso es reconociendo
que las culturas deberían unirnos y no separarnos, pues más que cultura somos
hombres y todos vivimos en el mismo planeta.
José Domingo M. Herrera Sosa