lunes, 4 de abril de 2016

La cultura como mensaje

La  cultura es ese tejido social que abarca las distintas formas y expresiones de una sociedad determinada. Son todas aquellas distinciones que nos hacen únicos y nos separan de otras poblaciones. Por lo tanto, incluye costumbres, prácticas, maneras de ser, rituales, vestimenta y normas de comportamiento.
Basándonos en el concepto de “cultura” expuesto, se puede asumir que entonces la cultura de cada grupo social se verá reflejada también en su forma de comunicarse. A pesar de que se cuente con normas o pautas del proceso, aspectos como los términos que emplean, el enfoque de la información, entre otros, serán diferentes dependiendo de la cultura que compartan.
Con gran frecuencia se asocian los medios de comunicación con la cultura de elite. Esta, conocida como todas aquellas actitudes, conocimientos y formas de vida que caracterizan a un grupo reducido, hermético y al que la sociedad considera superior económica y socialmente, es bien conocida a lo largo de todo el territorio nacional, aunque no todo el mundo la comparta. Y esa popularidad es generalmente el motivo por el cual los medios de comunicación lo usan como materia prima de sus productos.
En anuncios publicitarios, como inconfundible característica de una población, o algo tan simple como los estereotipos de alguna novela, serie o película.
Pero, ¿es esto una afirmación de que lo que se conoce como cultura popular no es tomado en cuenta por los medios?
Entiéndase por “cultura popular” como el conjunto de patrones culturales y manifestaciones artísticas y literarias creadas preferiblemente por las clases populares, es decir la clase baja o media sin formación académica, en contraposición con la cultura académica, alta u oficial centrada en medios de expresión tradicionalmente valorados como superiores y generalmente más elitista y excluyente.
 Y la respuesta a la interrogante es no. De hecho, en ocasiones, costumbres y tradiciones típicas de las zonas populares se van propagando, y llegan a convertirse en tradiciones adoptadas por toda una población, indiferentemente de su status social, ingreso económico o instrucción académica.
Los medios de comunicación cumplen un papel importante en este proceso. Ellos facilitan la propagación de las tradiciones de cada cultura. Explicándolas, dando ejemplos de sus tradiciones y contraponiéndolas con otras. Y luego queda de parte de la audiencia si decide adoptarla y contribuir al proceso de difusión. Otro modo de exponer las culturas en los medios es usándolos como referencia o modelo. Cuando esto ocurre, se generan los estereotipos, generalmente visto desde un enfoque negativo, pero marcan un patrón de referencia.
Incluso si la audiencia decidiera no adoptar la cultura que se está dando a conocer, el hecho de hacerlo público y conocido a lo largo de todo el territorio le da un elemento importante. Pues estas prácticas que, quizás años atrás quedaban sepultadas en el tiempo y espacio, hoy en día gracias a los medios de comunicación son reconocidas y tienen su puesto en el listado de las distintas tradiciones.
Por otro lado, los medios comunicacionales tienen una misión más. Pero esta última no gira entorno a las culturas y tradiciones, sino al intelecto de las personas que reciben la información. Un proceso educacional que siempre está en evolución y se caracteriza por ser dinámico. Dicho esto, independientemente de que se trate de la cultura popular o de élite, los medios de comunicación deben darlos a conocer. Sin prejuicios ni preferencias.
Lo transmitido se convierte que conocimiento que alimentará la erudición de todo un grupo social, aunque no estén buscando adoptar una cultura distinta. Y conocimiento es igual a evolución.
Como una condición de la comunicación es el feedback y la retroalimentación, el proceso comunicacional también puede traer como consecuencia dos productos: la alienación de la población, en la que dejan de reconocer su cultura como propia por empezar a sentirse identificados con otra, que a pesar de que no se practique en su entorno, tienen acceso a ella a través de los medios; o un híbrido entre dos o más culturas, ya que la gente siga practicando tradiciones pero también practiques otras nuevas a las que tiene acceso a ellas por medios de comunicación.

En conclusión, todo es una cadena inevitable entre la cultura, ya sea de élite o popular, y el proceso inevitable e ineludible de comunicarnos entre nosotros y de comunicar información sobre lo que conocemos y desconocemos. Cada vez que uno de estos intermediarios sufra alteración, toda la cadena se verá afectada, llevando a los receptores un mensaje completamente nuevo e inesperado. Y sin embargo, es un proceso que está (y estará siempre) en constante cambio, ya que su materia prima, la cultura misma, también lo está.

Andreína Crepsac

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