Si
hay una característica que es inherente al ser humano, es su capacidad de ser
un ser social. No importa qué tan atrás corramos en el tiempo, el ser humano
siempre ha buscado agruparse con sus iguales, buscando saciar las necesidades
de compañía, pertenencia e identidad. Estos grupos, en algún momento de nuestra
historia terminaron por componer las primeras sociedades, esas especies de
redes en las que crecemos y nos desenvolvemos durante toda nuestra vida.
Siguiendo
con la analogía de la ‘’red’’, imaginemos que los hilos que la conforman son
todas aquellas formas de hacer y ver las cosas, esas maneras de comportarnos
frente a ciertos acontecimientos, nuestras costumbres y tradiciones: la
cultura. Somos seres sociales, insertos en una sociedad cuya cultura adquirimos
en la medida en la que crecemos dentro de ella y los miembros más cercanos nos
la transmiten y comunican.
Esta
última palabra no está colocada al azar, la comunicación es indispensable para
que haya cultura, sin ella no seriamos capaces de establecer relaciones
sociales, y en ausencia de esto, ¿dónde más podría nacer la cultura?
Esto
en un primer lugar, pero la importancia de la comunicación en cuanto a su
relación con la cultura no termina allí, se extiende hasta, por ejemplo, el
hecho de que es a través de la comunicación que se pueden transmitir esos
símbolos, esas ideas, esas formas de pensar y actuar, de una generación a la
siguiente.
Si
adelantamos un poco más en el camino, en la actualidad, los medios de comunicación,
a través de mensajes, fungen como difusores de la cultura. No importa si para
algunos esto es un hecho negativo y perjudicial, o si por el contrario es
positivo. No importa si se argumenta que esto solo sirve para potenciar la
cultura de quienes dominan, o si por el contrario permite que se difundan
prácticas culturales poco conocidas. Es un hecho, y he allí otro elemento
relacional entre los dos términos ya mencionados, entiéndase cultura y
comunicación.
Sin
embargo, la cultura no es una sola, vivimos en un mundo diverso aunque
globalizado, y si bien hay muchísimas prácticas que quizá consideramos
universales, cada nación, cada pueblo y cada grupo tiene normas, sistemas de
valores y formas de ver y hacer las cosas que les matizan a unos de otros, y que
además funcionan como elementos de cohesión entre sus miembros. La cultura es
un punto de encuentro hacia adentro, y una marca diferencial hacia afuera.
Para
unir todos los puntos que expliqué en los anteriores párrafos, conviene tocar
un concepto formal de cultura. A mi parecer uno de los más acertados es el de
la UNESCO, según el cual ‘’la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos
distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que
caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las
artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser
humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. La cultura da
al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo […] A través de ella el hombre se expresa*, toma conciencia
de sí mismo…’’.
A partir de este concepto, me parece
relevante establecer otro punto de conexión entre la cultura y la comunicación:
entre ellas hay una especie de relación bidireccional, utilizamos la
comunicación para transmitir la cultura, pero a través de la cultura nos
expresamos, y comunicamos siempre algo.
Como ya acoté
anteriormente, la cultura no es una, y muchas veces vamos encontrar numerosas
particularidades y diferencias entre, aún dentro de una misma sociedad, la
cultura de un estrato social y la cultura de otro. Esto nos permite establecer
una diferencia entre los conocidos términos que apellidan en muchas ocasiones a
la palabra cultura: elitista y popular.
Básicamente, la
cultura elitista está formada por todos esos elementos que forman parte de la
cultura, pero en este caso pertenecientes y consumidos por los grupos sociales
de alta categoría, o también llamadas clases dominantes. Para muchos, esta
cultura viene definida por lo que se ve bien, lo intelectual y lo académico.
Por otro lado, la
cultura popular hace referencia a aquellas expresiones culturales, formas de
hacer y ver las cosas, sistemas de valores y creencias, pertenecientes o
consumidas preferentemente por las clases bajas o populares, como su nombre lo
indica.
Estos dos términos se
contraponen, pero tampoco son estáticos, ya que muchísimas expresiones de la
cultura popular, cruzan la brecha y son adoptadas con el tiempo por la cultura
elitista.
Aunque en gran medida
creo que el concepto de comunicación se relaciona con estos dos tipos de
cultura de igual manera en la que se relaciona con el término general, es
decir, en ambos casos la comunicación permite que esta cultura exista, la hace
posible en la medida en la que hace posible que sus miembros interactúen entre
ellos y establezcan sus normas, valores, creencias, expresiones, etc. Y al
mismo tiempo cualquier manifestación cultural, sea de élite o popular,
comunica, transmite y expresa algo, desde mi perspectiva creo que hay
particularidades.
Por ejemplo, en muchas
sociedades probablemente la cultura elitista tenga prioridad al ser difundida a
través de los medios, es decir, tenga más probabilidades de ser comunicada. Sin
embargo, creo que en el caso de la cultura popular, aunque quizá pueda no
contar con tanta difusión por parte de los medios de comunicación, entre su
gente se mantiene viva gracias a que se transmite, se enseña, y es precisamente
el hecho de que sea comunicada lo que permite que aunque no sea dominante,
exista.
Además, ¿cuál es la
forma en la que una expresión de cultura popular pasa a ser adquirida por
miembros de la cultura elitista? En mi opinión, gracias a la comunicación, esa
manifestación, esos símbolos, se transmiten cual mensaje común de emisor a
receptor, y este último de alguna manera decodifica el mensaje, se identifica y
lo hace suyo.
En conclusión, no hay
sociedad sin cultura, ni cultura sin sociedad. Pero ninguna de las dos existe
sin comunicación, sin individuos que establezcan lazos, que interactúen y se
relacionen entre ellos, para dar paso así a todas las costumbres, tradiciones,
puntos de encuentro, formas de pensar, de ver y comprender el mundo, tan
particulares pero tan nuestras (o mejor dicho, de cada sociedad, pueblo o
grupo) que parecen trascender en el tiempo y nunca perecer.
*Negritas colocadas por mí.
Sabrina D'Amore
Sabrina D'Amore
No hay comentarios:
Publicar un comentario