La Universidad
Central del 2016
No se suele
pensar en la importancia y en el papel fundamental que juegan las universidades
en los países y sus sociedades. La gente suele escucharlas por la radio, verlas
desde sus autos o ir para que se inscriban sus hijos, sin embargo, son pocos
los que se detienen a pensar que sería de este mundo si no existiera un lugar
donde se construyen las personas que luego construirán el mundo.
Personajes como José María Vargas, Rómulo Gallegos y
Ramón J. Velásquez dedicaron sus vidas al conocimiento y a su difusión, fueron
personas que, cada uno en su campo, experimentaron, crearon e hicieron que su
país evolucionara. Ninguno de estos tres hombres hubiesen llegado a ser lo que
fueron sino hubiesen estudiado lo que estudiaron donde estudiaron. Aunque están
separados por varios años, Vargas, Gallegos y Velásquez fueron estudiantes de
la Universidad Central de Venezuela, hoy en día patrimonio de la humanidad.
La hoy deteriorada Universidad Central de Venezuela,
fue declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad en el año 2000. Esta
casa de estudio, ubicada en pleno corazón de Caracas, es una obra
arquitectónica que fusiona las tendencias modernas del mundo con la
arquitectura tradicional venezolana. Uniendo la simplicidad con la tradición,
el arquitecto Carlos Raúl Villanueva logró construir un espacio donde el arte,
la experiencia y lo natural fuesen los protagonistas.
La universidad cuenta con una amplia serie de
jardines amplios, caminerías espaciosas y plazas para el encuentro de las
personas. Hay detalles en todos lados, cada edificio tiene su propio estilo
dependiendo de su finalidad y tiene una gran y majestuosa aula magna que como
dicen es el corazón de la universidad.
Hoy en día, Venezuela está inmersa en una grave y
delicada situación tanto económica como política y social. Por lo tanto, la
Universidad Central, institución que depende del estado, se ha visto muy
afectada por esta crisis.
Ir a la Universidad Central hoy en día es una
experiencia agridulce. Puede a veces resultar entretenido y agradable, pero
también puede resultar ser una experiencia casi traumática. Ir a la UCV es
encontrarse de frente con esta Venezuela que lucha entre el caos y el orden, es
experimentar en carne propia esa Venezuela que gozó de un pasado ilustrado pero
que se ha visto deteriorado y opacado por el olvido.
Basta con pasear por los jardines, por los pasillos,
por los estacionamientos para poder ver los grafitis, la basura, la anarquía
que reina en el lugar. Por supuesto que aún queda ese aire de grandeza, esos
murales tan representativos, esas esculturas tan simbólicas; no obstante, es
imposible ignorar la sensación de inseguridad y el sentimiento de decadencia
que se vive en la famosa Universidad Central de Venezuela.
Las universidades se podrían ver como un reflejo de
sus sociedades porque como ya se ha mencionado, en estas es que se crean los
líderes de las comunidades y del mundo. Ver a la una vez majestuosa Universidad
Central tan deteriorada entristece hasta el más optimista y es un espejo donde
se ve como está el país entero.
Las universidades son los motores de la cultura y
del pensamiento, sin buenas universidades las sociedades no avanzarían y el
humano se vería tentado por el caos. Alguna vez la Universidad Central de
Venezuela revivirá y volverá a ser la gran universidad que creó a tantos genios
y personas ilustres.
José Domingo Herrera Sosa
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