Un viaje
con escala en distintas obras y esculturas, dentro de la introspectiva de del
posicionamiento del arquitecto y pionero Carlos Raúl Villanueva. Murales, vitrales,
mosaicos y esculturas adornan la cotidianidad del estudiante (y de cualquiera
que lo presencie). Concebido inicialmente como una casa de estudio, lo que hoy
en día se conoce como Ciudad Universitaria puede ser visto por cualquiera como
un museo, un poco más informal.
Con la
colaboración de más de 20 artistas, tanto nacionales como internacionales,
aborda todo tipo de estilos. Asimismo, le brindan al estudiante una vida
universitaria llena de color e imaginación, ya que en muchas obras se presta
para la libre interpretación de cada uno. Quizás esto sea uno de los motivos de
la creación de los muchos mitos que se comentan; “Si te tomas una foto con El
Reloj, no te gradúas”.
Para
los más detallistas, se hace evidente las obras que fueron o que están siendo
restauradas (por simple deterioro o por actos de vandalismo). Sin embargo, no
pasa por desapercibido la falta de atención y cuidado que se nota hoy en comparación
a años atrás. Algunos miran con tristeza el estado de la casa de estudio en que
quisieron estudiar, y por alguna razón no pudieron.
Personalmente,
una de las cosas que más me llamó la atención fue el viaje emocional que es
hacer un recorrido por las obras de Ciudad Universitaria: comenzando por el
dinamismo de los murales en los pasillos previos al Aula Magna; el escalofrío y
tristeza al leer la placa del Orfeón de 1976; la magnificencia de poder entrar
al auditorio del Aula Magna, la intriga de El Pastor de Nubes; la calidez del
Mural de Dragones; el acertijo de ver todos los mosaicos de Oswaldo Vigas; y el
honor inexplicable de posarte bajo El Reloj y poder decir que empatizas con él
(como si eso fuese posible).
No sabría
decir si el ambiente de estar rodeado de arte y variedad influye en los
universitarios venezolanos, o si los venezolanos inevitablemente buscamos
rodearnos de arte. Inequívocamente, Ciudad Universitaria como Patrimonio de la
Humanidad, es una pequeña ventana a un mundo más colorido, más eufórico, más
reflexivo… una ventana a la cultura.
Andreína Crepsac
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