lunes, 23 de mayo de 2016

Una tarde en ciudad universitaria


Un viaje con escala en distintas obras y esculturas, dentro de la introspectiva de del posicionamiento del arquitecto y pionero Carlos Raúl Villanueva. Murales, vitrales, mosaicos y esculturas adornan la cotidianidad del estudiante (y de cualquiera que lo presencie). Concebido inicialmente como una casa de estudio, lo que hoy en día se conoce como Ciudad Universitaria puede ser visto por cualquiera como un museo, un poco más informal.
Con la colaboración de más de 20 artistas, tanto nacionales como internacionales, aborda todo tipo de estilos. Asimismo, le brindan al estudiante una vida universitaria llena de color e imaginación, ya que en muchas obras se presta para la libre interpretación de cada uno. Quizás esto sea uno de los motivos de la creación de los muchos mitos que se comentan; “Si te tomas una foto con El Reloj, no te gradúas”.
Para los más detallistas, se hace evidente las obras que fueron o que están siendo restauradas (por simple deterioro o por actos de vandalismo). Sin embargo, no pasa por desapercibido la falta de atención y cuidado que se nota hoy en comparación a años atrás. Algunos miran con tristeza el estado de la casa de estudio en que quisieron estudiar, y por alguna razón no pudieron.
Personalmente, una de las cosas que más me llamó la atención fue el viaje emocional que es hacer un recorrido por las obras de Ciudad Universitaria: comenzando por el dinamismo de los murales en los pasillos previos al Aula Magna; el escalofrío y tristeza al leer la placa del Orfeón de 1976; la magnificencia de poder entrar al auditorio del Aula Magna, la intriga de El Pastor de Nubes; la calidez del Mural de Dragones; el acertijo de ver todos los mosaicos de Oswaldo Vigas; y el honor inexplicable de posarte bajo El Reloj y poder decir que empatizas con él (como si eso fuese posible).

No sabría decir si el ambiente de estar rodeado de arte y variedad influye en los universitarios venezolanos, o si los venezolanos inevitablemente buscamos rodearnos de arte. Inequívocamente, Ciudad Universitaria como Patrimonio de la Humanidad, es una pequeña ventana a un mundo más colorido, más eufórico, más reflexivo… una ventana a la cultura.

Andreína Crepsac

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