La Ciudad Universitaria de Caracas,
actualmente Universidad Central de Venezuela, es un macro proyecto en honor al
estudio que debe ser orgullo de cada uno de los venezolanos. De la mano de
Carlos Raúl Villanueva, el único e inigualable genio detrás de este espacio, la
Hacienda Ibarra, de 202 hectáreas de expansión, se convirtió en 1943 en uno de
los complejos universitarios más admirables del mundo.
Como su nombre lo indica, la UCV fue
pensada como una ciudad universitaria, con cabida para residencias, centros
comerciales, edificios y espacios para cada facultad y escuela, bibliotecas, un
hospital, laboratorios especializados, áreas de esparcimiento, variadas canchas
y espacios deportivos, un impresionante aula magna, numerosos auditorios,
plazas, espacios para el estudio, entre otras muchas cosas. Pero lo maravilloso
de este complejo no es cuán completo es para su finalidad –que, de hecho,
cumple con creces los requisitos necesarios para una universidad–, sino en cómo
están acoplados todos los elementos que lo componen: la Ciudad Universitaria es
una obra de arte en sí misma.
Villanueva se propuso seriamente crear un
espacio autónomo e ideal, en todo el sentido de la palabra, para el aprendizaje
y el desarrollo sano de la juventud; es por esto que se pueden apreciar
características particulares en el proyecto como el hecho de que todas las
áreas estén comunicadas por pasillos techados de impactante diseño para
garantizar la libre circulación por toda la ciudad sin importar el clima, o el
que todos los espacios estén diseñados para disfrutar de excelentes iluminación
y ventilación naturales. De igual manera, toda la ciudad está salpicada de arte
por todas partes –cada salpicón, por supuesto, fue pensado y gestionado
directamente con los artistas por el arquitecto–. Pienso de su misión fue
galantemente cumplida.
Actualmente la Ciudad Universitaria se
encuentra en triste deterioro aunque, ni por asomo, está tan mal como podría.
Su estado de notable conservación, teniendo en cuenta la falta total de
atención que se le ha dedicado en las últimas décadas, se debe a que, al
momento de su diseño y construcción, el gobierno de turno no escatimó en
presupuesto y se aseguró de que semejante proyecto se realizara con la mejor
calidad de materiales posible para fungir, como efectivamente lo hace hasta el
presente, como estandarte de Venezuela ante el mundo. Los murales y obras de
arte son restauradas a un ritmo mucho más lento y trabajoso del necesario,
debido a la falta de presupuesto; las áreas comunes no están tan limpias como
podrían debido a la falta de personal; las tareas no están coordinadas ni
funcionan con la eficiencia que deberían debido a la desarticulación de la
estructura administrativa; sin embargo el verdor y los colores de los jardines
todavía impregnan casi todos los rincones haciéndola lucir armónica y hermosa.
Personalmente, idolatro este patrimonio.
Es un mundo, una ciudad entera, concebida por completo para la juventud y la
libertad. Todas las estructuras tienen diseños curvos y de líneas suaves, no
hay aristas ni picos ni nada que se imponga de forma penetrante. Todas las
obras de arte son abstractas e invitan a la libre interpretación. No importa
dónde te encuentres parado, todo cuanto te rodee será fuente de inspiración,
crecimiento y libre pensar. Cada rincón y cada detalle envuelven en sí mismos
la esencia de una universidad.
Por Uri Romero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario